Los niños y los golpes de calor en el coche

Los niños y los golpes de calor en el coche


Una temperatura de tan solo 20º en el exterior supone 40º en el interior del vehículo y un alto riesgo de que se produzca un golpe de calor. Los más vulnerables a él son los niños, ancianos y animales. De hecho, 10 minutos en el interior de un coche sin ventilación ni aire acondicionado puede provocar graves consecuencias. 


A continuación, vamos a explicar qué es un golpe de calor y los efectos que tiene para niños y personas mayores. En otro artículo analizaremos los riesgos que pueden sufrir nuestras mascotas en verano, en el interior de un vehículo. 


¿Qué es un golpe de calor?

 
Un golpe de calor -o shock térmico-, es uno de los casos más graves de hipertermia. Es el sobrecalentamiento que sufre el cuerpo debido a las altas temperaturas o a un exceso de ejercicio físico. La falta de hidratación hace que diversos órganos dejen de funcionar como lo harían de forma habitual.

El golpe de calor se puede producir en diferentes circunstancias. Por ejemplo, si dejamos a un niño solo dentro de un coche expuesto al sol -o en general-, si el niño está expuesto a situaciones con humedad y temperaturas elevadas, sin protección ni hidratación adecuada, que pueden provocarle un fuerte golpe de calor.

Los más propensos a sufrir golpes de calor son los niños pequeños de 0 a 5 años, las personas mayores y los animales. Los niños tienen una menor reserva de agua, por su pequeño tamaño y su temperatura corporal puede subir de 3 a 5 veces más rápido que la de un adulto. Además, su aparato respiratorio aún se encuentra en pleno desarrollo, lo que los hace más vulnerables al agotamiento por calor. 
 
Los seres humanos poseen una temperatura corporal de entre 36,6ºC y 37,5ºC aproximadamente. El cuerpo humano cuenta con sus propios mecanismos termoreguladores para mantener de forma continua esa temperatura dentro de esos márgenes tan estrechos. Va enfriando y calentándose por si mismo, según necesite para mantenerse dentro de esos parámetros. Esto se hace de manera inmediata y autónoma. Sin embargo, hay que tener en cuenta que, en el caso de menores y personas de mayor edad, el funcionamiento de estos mecanismos está más ralentizado, lo que hace que se demoren más en alcanzar ese equilibrio térmico corporal. 

Por ejemplo, al estar expuestos a las altas temperaturas del verano, o al realizar algún ejercicio físico, en el que se desprende calor, nuestro cuerpo desencadena un mecanismo reflejo en los vasos sanguíneos, denominado «vasodilatación» que provoca que el cuerpo empiece a sudar para mantenerse fresco. Esto hace que pierda ese «exceso de calor» y el organismo empiece a recuperar su temperatura normal. En ocasiones, la falta de hidratación hace que el cuerpo esté «seco» para sudar, por lo que empieza a sentir excesivo calor, que no es disipado con suficiente rapidez ya que el cuerpo no cuenta con suficiente volumen de sangre para distribuirla con rapidez hacia la piel para calmarla y termorregular su temperatura, haciendo que la epidermis y el resto del cuerpo se caliente en exceso. 
 

Por su fisonomía, el calentamiento del cuerpo es más peligroso en niños y ancianos ya que, los primeros cuentan con menos cantidad de sangre en el cuerpo, y, en el caso de los segundos, ésta circula más lentamente.

 

Cuando el cuerpo alcanza un alto grado de deshidratación y una temperatura elevada, (por encima de los 40º), los mecanismos termorreguladores dejan de funcionar correctamente, y algunos órganos pueden comenzar a funcionar de manera errática, lo que provoca diferentes síntomas, conocidos como «golpe de calor». A temperaturas superiores a los 41ºC-  42ºC, las neuronas de la corteza cerebral empiezan a sufrir los estragos de la hipertermia. A los 44º, la muerte está asegurada y con temperaturas internas superiores a 50ºC, se produce la rigidez del sistema muscular.
 

Síntomas del «golpe de calor»
 

Los principales síntomas del golpe de calor son la elevación de la temperatura corporal superior a 40ºC (fiebre o hipertermia), alteraciones del estado de conciencia que pueden acompañarse de convulsiones y, a diferencia de la insolación, piel seca y muy caliente. También pueden aparecer otros síntomas como fatiga y debilidad, mareos, náuseas o incluso vómitos, calambres musculares, dolor de cabeza intenso y confusión, respiración superficial y rápida, taquicardias y pulso débil. 
 

Los peligros de los golpes de calor en el coche

 
El golpe de calor puede sobrevenir en la calle, pero también se puede sufrir en el interior de un vehículo.

Hay que tener en cuenta que las temperaturas atmosféricas nada tienen que ver con las que se tienen en el interior de un vehículo: estas últimas son más elevadas debido al aislamiento térmico, la radiación solar directa y el tiempo de exposición al sol que haya sufrido dicho vehículo.

Con una temperatura ambiente de 29ºC, durante los primeros 45 minutos de exposición de un vehículo al sol, los expertos hablan de que la temperatura interior se habrá elevado 20º más. Si la temperatura externa roza los 39º, podríamos hablar de que habrá zonas del interior de nuestro vehículo, como salpicaderos, apoyabrazos, volante o ventanas, qe podrían haber alcanzado los 70ºC. En dos horas y media, la temperatura media en el interior de un vehículo sin ventilación podría situarse un 88% por encima de la registrada fuera del vehículo.   

Hay que tener en cuenta también, que, en función de la altura, la temperatura puede variar 13ºC. Hay diferencias térmicas entre la temperatura del suelo y del techo, y entre la temperatura de un asiento y la de un reposacabezas.  Un vehículo, con los asientos más cerca del suelo, estará más fresco que otro con los asientos más elevados. Esto es un dato muy importante a tener en cuenta en el caso de los niños. Los Sistemas de Retención Infantil elevan la altura del niño varios centímetros por lo que hay que tener claro, que puede estar expuesto a temperaturas unos grados superiores.
 

Llegado a este punto, mantener una correcta y buena refrigeración y ventilación de un vehículo es vital, sobre todo en época estival. Según los expertos, la temperatura ideal para un vehículo debe oscilar entre 20ºC y 23ºC

 


Consejos para evitar que los niños sufran un «golpe de calor» en el coche.

 
-NUNCA DEJE A UN NIÑO O A UN MAYOR SOLO, dentro de un vehículo estacionado y cerrado. Si es necesario utilice «trucos» para recordar que hay un menor en el vehículo (coloque algún objeto ligero y no peligroso que vaya a necesitar cuando salga, en la banqueta trasera junto al niño, utilice recordatorios de alarma para asegurarse de que lo ha dejado en el colegio o está a salvo…) Extreme la vigilancia. En el caso de que se aleje del vehículo, cierre el mismo para impedir que los niños entren al mismo, sin vigilancia.

-NO ESPERE A QUE PIDAN AGUA. La hidratación es fundamental. Hay que ofrecerles continuamente líquidos, en el caso de lactantes, ofrecer el pecho de manera más frecuente. 

-LAS BEBIDAS ISOTÓNICAS, son útiles para recuperar los electrolitos perdidos con el calor. 

-TINTE LOS CRISTALES DEL VEHÍCULO DE FORMA LEGAL, para evitar que el sol alcance a los asientos traseros.

-EVITE LAS COMIDAS COPIOSAS. Es preferible una comida ligera. Aumente la frecuencia de la ingesta de alimentos.

-EVITE CONDUCIR EN LAS HORAS DE MAYOR INCIDENCIA DEL SOL.

-MANTENGA EL VEHÍCULO PERMANENTE VENTILADO Y REFRIGERADO. Comience a ventilarlo y refrigerarlo antes de iniciar la ruta. 
 

Si nos encontramos ante un caso en el que nos percatamos de que un menor se encuentra solo en el interior de un vehículo y muestra síntomas de agotamiento, fatiga y deshidratación, hay que alertar inmediatamente al 112 e intentar rescatar al niño, aunque sea rompiendo algún cristal del vehículo alejado del cuerpo del menor. 

Una vez fuera, y antes de trasladarlo a un centro hospitalario, hay que colocar al niño tumbado, boca arriba, en un sitio fresco, a la sombra y bien ventilado. A continuación, hay que aflojar la ropa que el oprima y quitarle aquella que no necesite, para posteriormente colocarle compresas de agua fría -nunca hielo- en la cabeza, cara, cuello, nuca, pecho y en las extremidades, e irlas cambiando a medida que se calienten. 

Es necesario valorar el estado de consciencia del menor. Si el niño está consciente y no vomita, se le pueden dar líquidos para empezar cuanto antes con el proceso rehidratador, ya sea agua fresca o una bebida isotónica (sueros de rehidratación oral). Si está inconsciente y no respira, habría que iniciar las maniobras de RCP pediátrica básica. 


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